De la veracidad a la interactividad: Del periodismo al weblogging.
De entre anotaciones, recuerdos y antiguos artículos, encuentro entre mis papeles un viejo impreso del que aunque no tenía recuerdo siempre tuve conciencia. Se trata de un «dodecálogo» ético para aquellos quienes pretenden ejercer el periodismo.
Mientras sostengo entre mis manos la tinta impresa, reflexiono sin querer y se me tuerce la sonrisa. Me decido a trabajar mis pensamientos y juego. Emprendo a golpe de tecla una divagación evolutiva desde el analisis del viejo documento, hasta barajar las hipotesis que nos brinda a imaginar la constante evolución de la información.
Por cierto, a pesar de que escapa a mis manos poder confirmar su autenticidad, tal documento se confiesa nacido de la pluma del fallecido Don Camilo José Cela.
1.- Contar los acontecimientos tal y como son, nunca como quisiéramos que fuesen.
Aunque el sentido común lo niegue, quizá el error más extendido. Incluso en los ambientes periodísticos más serios, en ocasiones, las trazas de la verdad parecen virar sigilosamente hacia la ilusión propia de los hechos.
2.- Decir siempre la verdad, anteponiéndola ante cualquier otra razón.
Llamémoslas necesidades, creencias o prerrogativas. Lo importante de la noticia no es el efecto ni la causa; es sólo la naturaleza.
3.- Mantener la realidad y objetividad como un espejo plano.
La manipulación por bella o enriquecedora puede ser literatura pero no periodismo.
4.- Callar antes de deformar la realidad
Si no se dispone de información suficiente, o somos conscientes de juicios o factores que nos harían inclinar la verdad, será preferible guardar silencio.
5.- Mantener la independencia de criterio por encima del interés político.
La verdad no entiende de criterios ni de principios.
6.- Aspirar al máximo entendimiento.
De lo acontecido y sus circunstancias, la narración de la noticia es en parte; eliminación de errores.
7.- Funcionar en la línea editorial de la empresa sin caer en la parcialidad y, si esto resulta insalvable, entonces, cambiar de trabajo.
La verdad será siempre más importante que nuestros intereses.
8.- Resistir a las presiones, incluso de la propia empresa.
Y de nuestros receptores, nuestras opiniones, nuestra fama. Los hechos pueden sernos no gratos, pero eso no cambia su condición.
9.- No ejecutar nada y ser el eco de todo.
La misión del periodismo consiste en transmitir, referir y exponer los hechos nunca en tomar partida de ellos.
10.- Escribir con la máxima sencillez, dentro del respeto a las letras.
El objetivo del periodista no es demostrar su talento, su literatura o su arte. Y es que la verdad no requiere de florituras pues ya de por sí, si es franca es bella.
11.- Conservar con el más firme orgullo la honestidad profesional.
Como principio básico y a conciencia, la honradez pesa más que el título y el talento.
12.- No ensayar la delación ni la murmuración.
Jamás otorgar a cuchicheos, murmuros o habladurías la categoría de noticia, y si se usan como investigación, nunca mentarlos sin antes tener total certeza de ellos.
Releyendo la lista se me antojan sus realidades tan obvias que me resultan extrañas. Y es que, aunque pueda resultar insólito y contrario al sentido común, tras tantos años de periodismo ejercido, con la disposición de las tecnologías al servicio de la información y con la experiencia de las repercusiones en el pasado, a día de hoy, en los medios tradicionales sigue siendo igual de habitual que años ha, la tergiversación de la verdad.
Aquí concretamente cambian las formas pero no el fondo. Quizá la manipulación ya no sea directa pero basta con echar un vistazo rápido a un mismo acontecimiento en dos medios divulgativos tradicionales de diferente tendencia u origen político, para darse cuenta de que en plena era de la información, ésta es manejada, ejecutada y expuesta al servicio del interés que más conviene.
De cualquier modo, ya acostumbrados a estos hechos, y como ya dije una vez – durante un onírico balanceo entre la objetividad y la pasión – Mientras la ética periodística anda en manos de grupos con intereses económicos y políticos:
Y es que aunque sepamos que a la verdad le gusta caminar desnuda, antes de que nos la vistan a disgusto, preferimos verla lucir a nuestro antojo.
El asunto del cualquier modo, se colma y desborda así mismo en los últimos años con la llegada de estas nuevas vertientes del periodismo. Entre ellas a destacar, cómo no: los weblogs, blogs o bitácoras…
De modo vertiginoso crecen, nacen y se reproducen los weblogs en el panorama actual. Ya no es sólo su crecimiento, si no su evolución la que parece imparable, y su repercusión comienza a rasgar las esferas más altas.
La nueva versión de aquel «vox populi» que años atrás nacía en las tabernas y recorría nuestras calles, a veces perseguido, en ocasiones curioso, y siempre dilatado, se nos presenta ahora, aunque menos castizo y más glamouroso, en el entorno virtual: brindando a la opinión personal el vestido de noticia.
En parte es comprensible: Tener oportunidad de compartir nuestra opinión sobre un acontecimiento con nuestros iguales desde la comodidad de nuestra habitación o nuestro despacho, y poder saborear un punto de vista inmediato y humano sobre un acontecimiento, deshaciéndonos así de la frialdad de os medios oficiales, hace de los weblogs un pequeño placer que resulta exquisito a nuestra curiosidad y sugerente a nuestro ego. Si a ello sumamos el pseudo-anonimato que brinda la red y que nos despoja de nuestros miedos, y el tremendo morbo que sentimos por las discusiones y enfrentamientos entre nuestros iguales; las bitácoras se convierten en un paraíso para el desahogo intelectual de cualquier ciudadano.
Pero desde el punto de vista si ya no periodístico, como mínimo informativo: ¿Hasta que punto resulta esto positivo, y hasta donde peligroso?
Quiero decir: Ya no hablo solo del obvio conflicto con la subjetividad y objetividad en el intercambio de información, si no del inmenso árbol de posibilidades que Internet con los weblogs como máximo exponente está abriendo a nuestra realidad tradicional.
Debido a la naturaleza abierta del concepto, en lugar de trazar una disertación, trataré antes de exponer el concepto enumerando ciertos hechos y circunstancias en relacion. Permitiendo así que quien lo desee pueda dibujar en su imaginación su propio esquema:
- La sencillez y facilidad para cualquier ciudadano para crear su propia bitácora y comenzar a ejercer como transmisor de información en la red. (Ej: los directorios de bitácoras, y los servicios gratuitos de hospedaje por parte de medios de comunicación en su entorno virtual)
- Cada día es más común usar en buscadores la palabra blog cuando se realiza una búsqueda al respecto de un tema de interés. (Ej: estatuto blog, ley de partidos blog, etc )
- Los medios oficiales han comenzado desde hace un tiempo a extraer información para su labor usando como fuente principal bitácoras personales. (Ej: El caso de los soldados americanos que relataban sus acciones en Irak)
- Bitácoras en la red han sido causantes de leyendas urbanas o bulos que se han extendido como pólvora que arde llegando a tomar relevancia fuera de la red (Ej: El rescate de la leyenda urbana de la banda callejera que realizaba crímenes en sus pruebas de iniciación tomando como victimas a conductores desprevenidos)
- El reciente interés de algunos gigantes de Internet por facilitar a los internautas sistemas de publicación audio visuales para su rápida distribución y sus inmediatos efectos (Ej: http://youtube.com/, http://video.google.com/ y su apabullante difusión)
- O La aparición de gurús o líderes que comienzan a mover o movilizar a pequeñas masas. Los saltos cada vez más frecuentes de pre/pro -escritores, periodistas, y profesionales de todo tipo de la red a la fama. El indudable movimiento económico que conyeva la transformación de internet hacia el bautizado como web 2.0. etc.
Esta orgía de hechos a la que me refiero, tiene por supuesto un solo denominador común; la información. Y es que nunca estuvo más claro que ahora que la información es poder. Internet ha permitido dar un nuevo paso a la era de la información y es un paso de gigante: La Interactivdad.
La interactividad convierte a cualquier internauta en un posible periodista o narrador de hechos, ofrece la inmediata divulgación de acontecimientos aislados, privados o censurables. Afecta de forma directa al entorno social y alarga su mano hasta ponerse a la altura de quienes hasta ahora estaban acostumbrados a dominar la situación.
Las antiguas limitaciones de los medios de comunicación han quedado atrás, antes los medios tradicionales nos contaban la noticia, y nosotros no podíamos devolver la pelota, ahora somos capaces de lanzarla por nosotros mismos. Esto convierte esta experiencia en un arma de doble filo. Pues donde hay libertad hay riesgo, y el riesgo es algo que a no agrada a cualquier tipo de gobierno pues es claro antónimo de la base de todo poder; El control
Manipular aunque sea sutilmente – como precaución que dicen los americanos – cierta cantidad de medios de comunicación es posible. Más aun cuando para ser influyente se requiere de una gran infraestructura y una amplia economía. Pero manipular una avalancha terrible de opiniones individuales, que en un santiamén pueden reproducir la información a una velocidad vertiginosa y extenderse a límites tanto o más amplios que los viejos medios, es una tarea prácticamente imposible. He aquí donde comienza a chocar lo positivo con lo peligroso. ¿Cuánto tardará la censura en tropezar con la interactividad? O dicho de otro modo: ¿Cuánto más continuará evolucionando la información en la red y hasta que caminos conducirá? Y ¿Cual será el limite antes de que el equilibrio social entre el individuo y la información varíe demasiado?
En realidad todo son simplemente conjeturas, hipótesis, e ideas sobre las cuales ya se ha comenzado a hablar y a trabajar. Los primeros brotes de censura a este albedrío de información comienzan a surgir y a su vez este renacimiento de la comunicación en forma de intercomunicación sigue evolucionando. El viejo periodismo más que quedarse atrás parece fusionarse con los nuevos tiempos, y sus viejas pautas parecen difuminarse con las nuevas ideas. Objetividad y subjetividad caminan ahora de la mano y las hipótesis al respecto del futuro al que nos acercamos son incontables.
Hemos pasado de un periodismo que se pretendía veraz, uniforme y estático, a una difusión de la información totalmente recíproca e indisciplinada que tiene como punto de partida una curiosa parábola: Las actuaciones de los individuos, con y por, la información que reciben y la actividad de esa misma información, con y por, esos mismos individuos cuando la emiten.